Este artículo forma parte de la serie ¿Quién dirige tu camino? — Proverbios 3:5–6.
Serie:
¿Dónde descansa tu confianza? — Artículo actual
Reconócelo en todos tus caminos
Él enderezará tus veredas
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Cuando no sabemos qué va a pasar
A todos nos cuesta vivir sin saber qué va a pasar. Nos gusta tener claridad. Queremos saber cómo va a terminar una situación, qué decisión debemos tomar y si nuestros planes van a funcionar. Nos preocupa si tendremos suficiente dinero, si conservaremos el trabajo, si nuestra familia estará bien. Y cuando no tenemos esas respuestas, muchas veces comenzamos a preocuparnos y a sentir ansiedad.
Sentir temor ante lo que no conocemos no significa, por sí solo, que no confiamos en Dios. Sin embargo, hay una pregunta que necesitamos hacernos: ¿necesito tener el control para poder confiar?
Si puedo entender lo que está pasando, calcular las posibilidades y construir un buen plan, entonces siento cierta seguridad. El problema no está en hacer planes, sino en hacer de ellos el fundamento de nuestras vidas. ¿Qué pasa cuando la vida deja de responder a nuestros cálculos? Cuando aquello que habíamos planeado cambia. Cuando no sabemos cuál será el próximo paso. Cuando simplemente no podemos controlar lo que viene.
¿Quién dirige realmente mi camino?
La sabiduría debe conducirnos a depender de Jehová
El libro de Proverbios fue escrito para enseñarnos a caminar en sabiduría. En los primeros capítulos escuchamos a un padre instruyendo a su hijo. Al comenzar el capítulo 3, le dice: «No te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos». No quiere simplemente que el joven acumule información; quiere que la sabiduría penetre su corazón, forme su carácter y determine su manera de vivir.
Pero al llegar a los versículos 5 y 6, encontramos algo muy importante. Toda la sabiduría que el hijo ha recibido no debe producir en él una mayor confianza en sí mismo. Al contrario, debe conducirlo a una dependencia más profunda de Jehová:
Fíate de Jehová de todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propia prudencia.
Reconócelo en todos tus caminos,
Y él enderezará tus veredas.
Proverbios 3:5–6
La exhortación es a descansar por completo en Jehová, no hacer de nuestro propio juicio el fundamento de nuestra vida, reconocerlo en todo nuestro camino y confiar en que Él mismo dirigirá nuestras sendas. El argumento avanza mediante tres preguntas: ¿Dónde descansa tu confianza? ¿Cómo se manifiesta esa confianza? ¿Y qué hace Dios?
Comencemos con la primera.
Nuestra confianza debe descansar en Jehová completamente y no en nosotros mismos.
El objeto de nuestra confianza
El padre comienza con una exhortación directa: «Fíate de Jehová». Es un mandato directo y personal. El hijo debe depositar su seguridad y su dependencia en Jehová porque lo considera digno de confianza.
Aquí es muy importante notar el objeto de esa confianza. El texto no dice simplemente «ten confianza» ni «confía en que todo saldrá bien»; dice «fíate de Jehová». La sabiduría bíblica comienza cuando colocamos nuestra seguridad fuera de nosotros mismos y descansamos en Dios.
Por eso debemos detenernos y preguntarnos: ¿dónde descansa realmente tu confianza? ¿Qué es lo que te da seguridad? ¿Tu trabajo, el dinero, tus relaciones, tu experiencia, tu capacidad para resolver problemas, o Dios mismo?
La confianza bíblica no consiste en estar seguro de lo que va a pasar; consiste en estar seguro de Aquel en quien has confiado.
Piensa en una persona a quien le confías algo importante y, precisamente porque la consideras confiable, puedes descansar sin sentir que necesitas controlar cada detalle. Esa experiencia nos ayuda a entender cómo funciona la confianza, aunque con una diferencia fundamental: las personas pueden fallarnos; Jehová no. Por eso la verdadera confianza no descansa en que las circunstancias serán como esperamos, sino en el carácter de Dios, en quién es Él y en lo que ha dicho. Confiar en Jehová es depender finalmente de Él y descansar en Él aun cuando no conozcamos ni controlemos el resultado.
El alcance de la confianza: De todo tu corazón
Después de establecer en quién debe descansar nuestra confianza, el escritor bíblico nos muestra su alcance. La expresión «de todo tu corazón» indica que la confianza del hijo en Jehová no debe ser a medias, sino con todo su ser interior.
En nuestra cultura, la palabra corazón suele asociarse casi exclusivamente con los sentimientos. En el lenguaje bíblico, sin embargo, no es solo el lugar donde habitan las emociones, sino el centro integral de la persona: intelecto, voluntad, emociones, conciencia y decisiones. Salomón no está hablando de una confianza meramente emocional, sino de una confianza que brota del centro interior de la persona, donde pensamos, deseamos, decidimos y orientamos nuestras vidas.
El énfasis está en la palabra «todo». El texto no dice «confía en Jehová con tu corazón», sino «con todo tu corazón»: totalidad, sin reservas. La confianza bíblica no es parcial, sino completa en cada área de tu ser.
Esta confianza compromete toda nuestra persona, incluidos nuestros pensamientos, deseos y emociones. Debe expresarse no solo de forma intensa, sino íntegra. Dios demanda una entrega total del centro mismo de nuestra persona.
Tu vida interior, tus pensamientos, tus deseos más profundos, tus decisiones, la orientación de tu vida, cómo vives y qué quieres alcanzar: todo esto debe descansar en Jehová como su fundamento último. Esto no quiere decir que en nuestra humanidad no tengamos momentos de temor o duda. Significa que, aun cuando no entendamos o tengamos miedo, no busquemos otro fundamento para nuestra vida fuera de Dios, sino que recordemos en quién hemos confiado y cuán seguro es nuestro fundamento en Él.
Pablo expresa esta confianza mientras sufre por el evangelio:
Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.
2 Timoteo 1:12
No te apoyes en tu propia prudencia
¿Existe alguna parte de mi vida en la que afirmo que confío en Dios, pero me reservo la última palabra, aun por encima de lo que Él ha dicho?
Podemos confiar en Dios para nuestra salvación y, sin embargo, vivir como si nuestro futuro dependiera por completo de nosotros mismos y de nuestra capacidad para controlarlo. Podemos creer que Dios es soberano y, sin embargo, resistirnos a confiar en Él cuando las circunstancias no están saliendo como habíamos planeado. Esta es precisamente la advertencia de Salomón a su hijo: debes confiar de manera íntegra en Jehová, pero ten cuidado de descansar en ti mismo y en tu entendimiento.
En la frase «no te apoyes en tu propia prudencia» aparece el contraste entre confiar en Dios y hacer de nuestro entendimiento el soporte final de nuestra vida. El verbo «apoyarse» significa recostarse, confiar en algo como soporte. Comunica la imagen de alguien que se recuesta sobre un bastón o una pared para sostenerse. En sentido figurado, quiere decir hacer de algo o alguien tu fundamento o base de seguridad.
El mandato es claro: no hagas de tu propio entendimiento el soporte final de tu vida.
Usa el entendimiento sin descansar en él
La advertencia no nos prohíbe usar nuestro entendimiento. Nos advierte contra apoyarnos y descansar en él como el fundamento de nuestra vida. La palabra «entendimiento» se refiere a la capacidad de discernir, analizar, comprender y formar un juicio. Durante todo el libro de Proverbios encontramos exhortaciones a adquirir sabiduría, conocimiento, discernimiento y prudencia.
Por tanto, el problema no está en usar nuestro juicio, sino en depender de él como la seguridad y autoridad última de nuestras vidas. Nuestra comprensión de la realidad no puede convertirse en el criterio final por el cual juzgamos lo que Dios está haciendo o decidimos cómo vivir.
Nuestro entendimiento es limitado y está afectado por el pecado. Necesitamos rechazar la autosuficiencia y descansar en Jehová como nuestro fundamento. El mismo padre lo aclara en el versículo 7:
No seas sabio en tu propia opinión.
Proverbios 3:7
Tendemos a confiar en nuestro propio entendimiento porque nos da una sensación de control. Si puedo entenderlo, calcularlo, anticiparlo y construir mi propio plan ganador, entonces me siento seguro. ¿Qué pasa cuando las cosas comienzan a salirse de mi control? El dinero no alcanza, el trabajo es inestable, llega un diagnóstico inesperado, los planes cambian por completo.
Las circunstancias difíciles ponen a prueba y revelan dónde descansaba realmente nuestra confianza. Y, para sorpresa nuestra, descubrimos que muchas veces descansa más en nuestra capacidad de entender y controlar las cosas que en Jehová.
La postura de un corazón que confía
¿Cuál es, entonces, la postura correcta?
Proverbios nos llama a adquirir sabiduría y entendimiento, buscar consejos, sopesar nuestras decisiones y hacer planes. Sin embargo, todo esto debe estar subordinado a Dios mismo.
Aun cuando no alcanzo a ver, no entiendo o creo que mis caminos son mejores, necesito la humildad de decir:
«Señor, tus pensamientos son más altos que los míos, tus caminos son mejores. Tú eres Dios y en ti puedo confiar. Mi confianza descansa en ti y, cualquiera que sea el resultado final, te alabaré y bendeciré porque tú eres Jehová».
¿Somos capaces de tener esta actitud?
Vale la pena detenernos y responder con sinceridad delante de Dios:
Cuando no comprendo lo que Dios está haciendo, ¿sigo descansando en Él o me apoyo en mi propio entendimiento?
Cuando mis planes se frustran, aun en medio del temor, ¿dónde busco mi seguridad: en recuperar el control o en descansar en Dios?
¿Estoy dispuesto a que la Palabra de Dios corrija una conclusión a la que yo ya había llegado?
¿Oro buscando realmente la voluntad de Dios o buscando que Dios confirme lo que ya decidí?
Si somos sinceros, reconoceremos que es difícil renunciar a la autosuficiencia, a exigir entender y controlar las cosas para poder confiar. Esa pretensión nos da una falsa sensación de seguridad y control.
¿Cómo navegamos por la tensión de escudriñar, entender y discernir sin convertir nuestra conclusión en la autoridad final? El escritor bíblico nos muestra cómo se expresa esta confianza: «Reconoce a Jehová en todos tus caminos». La confianza que descansa en Jehová debe manifestarse en nuestra manera de vivir. Ese es el siguiente paso del argumento.
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