Introducción
Cada evangelio nos presenta a Jesús de una manera muy especial, desde una perspectiva y una óptica diferente y a la vez complementaria, que nos permiten tener un entendimiento más profundo de la vida y el ministerio de Jesús. Para Marcos, Él es el siervo perfecto y sufriente que vino a servir y morir en la cruz del Calvario para darnos salvación. Según Lucas, Jesús es el Hijo del Hombre, que viene a este mundo, habita y ahora nos entiende, se compadece de nosotros e intercede delante del Padre por nuestras vidas. De acuerdo a Juan, Cristo es el Hijo de Dios, el origen de todas las cosas, uno con el Padre, plenamente Dios, quien vino a revelarnos al Padre y redimirnos. Para Mateo, Jesús es el rey, Él es soberano y Señor sobre todas las cosas, un día recibirá poder, dominio, autoridad y toda persona se postrará ante Él.
El evangelio de Mateo comienza con la genealogía de Jesús, algo muy importante para los judíos, con el fin de probar su linaje y herencia real, Él descendía directamente del linaje del Rey David. Luego, continúa describiendo su nacimiento virginal, su concepción sobrenatural por medio de la obra del Espíritu Santo y anuncia su misión como Salvador del mundo. El segundo capítulo narra la fascinante historia de los magos del Oriente, este es el único evangelio donde se narra este acontecimiento, Mateo lo incluye con un propósito bien marcado. A pesar de los escasos detalles en muchos aspectos, el evangelista traza una línea inequívoca entre esta historia y el propósito de su evangelio.
Estos sabios del Oriente serían el instrumento para proclamar el propósito fundamental del libro. El énfasis no está en los magos o la travesía que ellos tuvieron que realizar, tampoco en la naturaleza de la estrella que los guió o en la reacción de Herodes, el pueblo y los líderes religiosos, ni siquiera en los regalos ofrecidos por los sabios. Todos estos detalles son complementos para llegar al clímax de esta historia. Para Mateo, lo más importante es la declaración hecha por los magos: Jesús es el Rey de los Judíos y su actitud: hemos venido a adorarle. Este era el testimonio, un grupo de prominentes gentiles para declarar una verdad que aun el propio pueblo judío, sus principales sacerdotes y escribas, no fueron capaces de comprender:
Jesús es el rey universal que merece ser adorado
Bajo esta perspectiva, toda la narrativa de la historia se desarrolla. Este maravilloso acontecimiento nos permite reflexionar en la identidad de los magos y su declaración sobre el reinado de Jesús. Nos invita a explorar y alejarnos de la actitud de rechazo por parte de Herodes y los principales sacerdotes y nos anima, al igual que los magos, a postrarnos delante de Jesús y ofrecer lo mejor de nosotros para honrarlo, alabarlo y bendecirlo. Jesús es el rey que merece ser adorado, este es el mensaje de Mateo para nosotros de principio a fin.
Desarrollo
1. El Rey que merece ser adorado. V: 1-2
Mateo comienza su evangelio presentando la genealogía de Jesús para demostrar que es descendiente de David y, por tanto, heredero legítimo del trono de Israel, después explica que fue concebido por obra del Espíritu Santo y que su misión es la de ser el Salvador del mundo. Ahora, por medio de la declaración de los magos, Mateo presenta una vez más a Jesús como el rey que debe ser adorado.
La identidad de los magos
El término mago tiene un origen babilónico y no guarda relación con el entendimiento actual de esta palabra como alguien que realiza trucos de magia para entretener al público. Ellos fueron una tribu sacerdotal entre los medos, un pueblo antiguo y numeroso. Se convirtieron en los maestros e instructores de los reyes persas. Eran versados en filosofía, medicina, ciencias naturales, en el estudio de la astrología y la astronomía. Se desarrollaron juntos a las autoridades como consejeros, maestros, sacerdotes, médicos, videntes, intérpretes de sueños, y hasta hechiceros.
Debido a su conocimiento, intuición y sabiduría se habían convertido en personas de gran influencia y poder, tan es así que según algunos historiadores ningún persa podía llegar a ser rey, a menos que dominara la disciplina científica y religiosa de los magos y fuera aceptado y coronado por ellos. Por otro lado, según algunos comentaristas, los magos eran monoteístas y de alguna manera podrían haber sido influenciados por los escritos sagrados de los judíos. Debemos considerar que el término “magos” ya aparece en la corte donde Daniel tuvo una enorme influencia (Dn 1:20; 2:2, 10, 20; 4:7) y hasta fue reconocido personalmente como el “jefe de los magos” (Dn 4:9).
La declaración de los magos
El énfasis del evangelista no está en todos los detalles respectos a la identidad de los magos, su travesía, la estrella que los guió, etc. Más bien, en lo que concierne a la declaración y la actitud de los magos ante Jesús: Él es el rey de los judíos y hemos vendido a adorarle. Ellos sabían que Jesús era el rey y vinieron a adorarle, este es el gran testimonio de Mateo. Los oficiales más importantes en el Oriente, aquellos que preparaban a los reyes en sus leyes y le daban su aprobación para ser aceptados como tal, están reconociendo que el niño que ha nacido es el verdadero rey. Mateo expresa el reinado universal de Jesús de manera excepcional: para el pueblo judío, Jesús es el rey en virtud de su linaje real, es descendiente del rey David, para el mundo gentil, Jesús es el rey en virtud de la honra, el honor y el reconocimiento que recibe por parte los sabios del Oriente; quienes por años educaron, enseñaron y establecieron reyes en los imperios más grandes del mundo. Jesús es el Soberano del Universo, el único y verdadero Rey, este es el mensaje de Mateo.
Lo que aprendemos de la identidad de los magos y su declaración.
Mateo está transmitiendo una enseñanza muy necesaria para nuestros días, Jesús es el Rey y debemos acercarnos a Él como tal. Todo el evangelio de Mateo gira alrededor de esta declaración, Jesús es el Rey, el soberano que viene a reinar y gobernar. Como cristianos es necesario que nuestras vidas giren en torno a la majestuosidad y soberanía de Jesús sobre todo lo que existe y especialmente sobre nuestras vidas. Jesús no es nuestro sirviente, aquel destinado a complacer nuestras peticiones y darnos la vida que siempre hemos soñado. Él no es la cereza del pastel; Jesús es el Rey y Señor del universo. Él tiene todo poder y autoridad sobre nuestras vidas, el mundo y todo lo que existe le pertenecen; nosotros existimos para someternos a su reinado y obedecer sus mandatos, como verdaderos cristianos debemos postrarnos ante Él como señal de adoración, respeto, admiración y entregarle todo el control de nuestras vidas para que Él reine.
La actitud de rechazo al reinado de Cristo V: 3-8
Herodes, al escuchar todo lo que estaba aconteciendo en la ciudad, convocó a los principales sacerdotes y escribas para reunirse con los magos del Oriente y conocer a fondo lo que estaba sucediendo. Este evento pondría de manifiesto la reacción de muchas personas ante el reinado de Jesús. La declaración de los magos provocó la ira, el enojo y la violencia de Herodes y puso de manifiesto la indiferencia de los líderes religiosos.
La reacción de Herodes
Herodes era un hombre astuto y capaz, un líder decisivo y determinante en el campo de batalla que alcanzó grandes victorias. Siempre intentó ganarse el favor del pueblo por medios de programas sociales y otras actividades. Sin embargo, era un hombre cruel, diabólico y maniático. Siempre se sentía amenazado, era muy celoso y sospechaba de todos. Fue conocido como un asesino, llegando a terminar con la vida de algunos de sus familiares más cercanos. A pesar de no ser judío, él se convirtió en el rey del pueblo de Israel, pero sabía que su reinado no era legítimo. Había sido puesto por el senado romano, obteniendo su posición mediante el asesinato, la violencia y la matanza.
Cuando Herodes escuchó que los magos del Oriente buscaban al rey de los judíos, entró en pánico, enloqueció y se llenó de furia y enojo. Herodes pensaba que estaba a punto de perder la posición que siempre soñó y por la cual se esforzó tanto. Él tenía miedo que este niño fuera a cambiar su vida por completo, quitándole su posición, su poder, su influencia, su nombre. Por tanto, su intención fue asesinarlo, eliminarlo de su vida, destruir la amenaza que lo perturbaba.
Lo que aprendemos de la actitud de Herodes
La actitud de Herodes nos recuerda a la de muchas personas en la actualidad, para muchos Jesús no es más que una interferencia en sus vidas, alguien que quiere cambiar sus planes, impedirle cumplir sus sueños y alcanzar la felicidad, por eso reaccionan con odio y hostilidad, queriendo eliminar a Cristo de sus vidas. El hombre quiere ser su propio rey, hacer lo que le plazca sin enfrentar consecuencias, como Cristo no les dejará hacerlo, entonces quieren quitarlo de sus vidas. Aceptar a Cristo como nuestro Rey significa bajarnos voluntariamente del trono de nuestras vidas y ceder el lugar a Cristo para que Él gobierne soberanamente. Sin embargo, la sociedad moderna no está dispuesta a ello, su solución es la misma que Herodes encontró en sus días, destruir la amenaza que los inquieta y les “impide ser felices”. Por otro lado, El cristiano es el que ha dejado de hacer lo que quiere para dedicar su vida a hacer lo que Cristo quiere, es aquel que se ha postrado y ha reconocido a Cristo como Rey.
La reacción de los principales sacerdotes y escribas
Los principales sacerdotes eran el sumo sacerdote en funciones, los que antes había ocupado el cargo, y otros dignatarios de cuyas filas normalmente se elegía el sumo sacerdote. Ellos eran la aristocracia religiosa, gobernaban el país, tenían un poder político y religioso tremendo, al punto que eran los encargados de dictar las leyes y asegurar su cumplimiento. Ellos realmente eran el cerebro pensante, el poder político, los que gobernaban en Israel. En el tiempo de Jesús, muchos comentaristas los describen como políticos corruptos buscando sus objetivos personales. Por otro lado, los escribas eran los expertos en las Escrituras y en la Ley. Ellos eran los eruditos, habían pasado toda su vida estudiando ley y conocían cada detalle del Antiguo Testamento.
Herodes había convocado a la aristocracia religiosa y a los mejores teólogos de su tiempo. Lo irónico es que un grupo de sabios del Oriente, a cientos de kilómetros de distancia, conocían que el Rey que Israel había estado esperando ya había nacido, mientras que los líderes religiosos y eruditos de la ley ni siquiera se habían enterado. Aún más sorprendente, ellos conocían la ley y la estudiaban a diario, conocían las profecías, acababan de citar una de ellas, incluso así, fueron totalmente indiferente a lo que estaba sucediendo a tan solo a ocho kilómetros de distancia. La indiferencia total es la reacción de los oficiales del judaísmo, el Mesías había nacido y ni siquiera esto les importaba.
Lo que aprendemos de la actitud de los principales sacerdotes.
La actitud de los líderes religiosos nos recuerda la actitud de muchas personas en la actualidad. Ellos estaban tan concentrados en su teleología, sus discusiones legales, sus intrigas y agendas políticas y en búsqueda de poder, dinero y beneficio personal que fueron totalmente indiferentes al nacimiento del Salvador del mundo y el Rey de los Judíos. Lamentablemente, hoy en día muchas personas están preocupadas por sus propios asuntos, enfrascados en su búsqueda de dinero, riquezas y poder, en su afán por la fama y la gloria de este mundo. Inmersos en los placeres y deleites temporales, entregados completamente a la búsqueda de la felicidad verdadera y son totalmente indiferentes al único que puede satisfacer sus almas sedientas, Jesús, el Rey y soberano del Universo. No importa cuán indiferentes seamos hacia Cristo, un día todo hombre se postrará y le adorará como el Rey de Reyes, ya sea voluntaria o involuntariamente.
La actitud de adoración al reinado de Cristo. V:9-12
El viaje se había terminado, después de un largo recorrido habían llegado al lugar donde se encontraba el rey que habían venido a adorar, ellos presentarían la honra, el honor, el respeto y la adoración que Jesús no recibió de su pueblo ni de los líderes religiosos.
La adoración de los magos del Oriente
Al llegar al sitio donde se encontraba Jesús, los magos se regocijaron con grande gozo, porque finalmente podrían adorar al rey que estaban buscando. La alegría y el gozo de los magos se expresó en la adoración. Esta palabra significa inclinarse a besar, en un principio se refería a la manera en que una persona le rendía homenaje a un monarca, posteriormente llegó a denotar cualquier interna de adoración o de adorar a alguien más grande que la persona que adora. Es interesante notar como en el Nuevo Testamento cada vez que esta palabra es usada es para hacer referencia a algo verdaderamente o que supuestamente es divino. Es una palabra que solo es apropiada para deidad. Es la manera que tiene Mateos de decirnos, el niño que nació no solo es rey, también es Dios y merece ser adorado.
Respecto a la manera en que los magos adoraron, William Hendriksen lo explica de la siguiente manera:
“Aquí en Mateo 2 tenemos una ilustración de genuinos dadores. No vacilaron en hacer un largo y difícil viaje (probablemente más de 1.600 kilómetros) para tributar adoración a quien, para la mayoría de la gente, debió ser considerado solamente como un bebé. Además, era un niño de humilde origen, perteneciente a una nación que había perdido su libertad. Sin embargo, estos hombres importantes no solamente se postraron delante de él con regalos que no solamente eran pródigos, sino definitivamente adecuados; oro, porque era y es ciertamente un rey, sí, el Rey de reyes y Señor de señores; incienso, porque es verdadero Dios, la plenitud de la divinidad habita en Él y mirra, porque también es verdadero hombre, destinado a morir, y esto por su propia elección”.
Lo que aprendemos de la adoración de los magos
Los sabios del oriente proveen una ilustración sobre la verdadera adoración que es muy pertinente para la iglesia contemporánea. No sabemos a plenitud cuanto de lo todo lo que estaba sucediendo los magos comprendían, pero algo si queda claro, la adoración que presentaron y los regalos que ofrecieron fueron agradables delante de Dios. Los magos no solo presentan una lección para los judíos, sino para cada persona en el mundo; Jesús es el rey y merece ser adorado. Nosotros no solo debemos reconocer a Jesús como el rey de nuestras vidas, sino que hemos de caer postrados en adoración ante su majestuosidad. Al igual que los magos le ofrecieron regalos fascinantes, cada hijo suyo ha de entregar sus dones, talentos, tiempo, recursos, su vida y todo lo que posee con el único propósito de darle honor y alabanza al Rey de Reyes y Señor de Señores. Como cristianos, nuestro diario vivir debe ser una expresión de alabanza y adoración continua a nuestro Dios. Entreguemos nuestros regalos más valiosos al Rey que nació en Belén.
Conclusiones
La fascinante historia contada por Mateo sobre los magos del Oriente encierra verdades profundas y lecciones necesarias para todos. Jesús es el Rey de Reyes y merece ser adorado como tal. Estos hombres venidos de lejos no solo declararon inequívocamente que Jesús era el Rey de los judíos, sino que le ofrecieron la adoración y la honra que las autoridades religiosas y el pueblo judío le negaron. Ellos nos dan una lección sobre la verdadera adoración, retándonos a postrarnos delante Cristo y presentarle toda nuestra vida como una ofrenda de adoración a Él.
El evangelista nos presenta tres actitudes diferentes ante la declaración del reinado de Jesús. Lo que nos lleva a preguntarnos en qué grupo estamos nosotros. ¿Somos como Herodes, que respondió con enojo, odio y violencia, intentando asesinar a Jesús? ¿Somos como los principales sacerdotes o escribas que mostraron una total indiferencia y falta de compromiso? O finalmente, ¿somos como los magos que se postraron y adoraron al Rey verdadero? ¿Estás dispuesto a ofrecer el oro que es apropiado para un Rey, la mirra que es apropiada para un Hombre mortal y el incienso que es apropiado para Dios? Debemos acercarnos a Jesús como el único y verdadero Dios y ofrecerle nuestra mejor adoración.

